ISSN 2806-5638
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Ser trabajadora sexual en tiempos de
pandemia: entre la sobrevivencia y la
re-estigmatización
Being a sex worker in pandemic times:
between survival and re-stigmatization
Michelle Durán Criollo1, Fanny Songor
Cabrera1, María Falconí Abad1 y Pablo Paño
Yáñez
¹ Carrera de Sociología, Universidad de Cuenca,
Av. 12 de Abril y Agustín Cueva, Cuenca,
Ecuador
Correspondencia: pablo.panoy@ucuenca.edu.ec
Recepción: 6 de noviembre de 2025 - Aceptación: 7 de
marzo de 2026 Publicación: 1 de abril de 2026.
RESUMEN
La pandemia de COVID-19 generó una crisis plane-
taria cuyas consecuencias se expresaron con mayor
intensidad en los grupos en condiciones de vulnera-
bilidad o exclusión social. En este contexto, las tra-
bajadoras sexuales fueron uno de los sectores olvi-
dados por el Estado y la sociedad, fundamental-
mente, por el estigma social que pesa sobre ellas de-
bido a las construcciones sociales de nero en torno
a la sexualidad femenina. El presente artículo busca
analizar algunos impactos que la pandemia tuvo en
el ejercicio del oficio y vida cotidiana de las trabaja-
doras sexuales de Cuenca-Ecuador, así como las es-
trategias utilizadas por ellas para su sobrevivencia,
incluidas las opciones que ofrecen las nuevas tecno-
logías de la información y comunicación. La inves-
tigación utilizó una metodología de tipo cualitativo
y corte etnográfico que, a partir del diálogo con tra-
bajadoras sexuales y actores claves vinculados al
sector, la observación directa en diversos espacios
donde se ofertan servicios sexuales y la obtención de
información de fuentes secundarias, reconstruyó la
experiencia de mujeres en este periodo especial,
como un intento por aportar a un vacío de conoci-
miento acerca del tema desde una mirada de género.
La investigación evidenció que la pandemia tuvo
como consecuencia una re-estigmatización de las
mujeres y sus cuerpos que fueron vistos como posi-
bles focos de propagación del COVID-19. Este fe-
nómeno llevó a las mujeres a un proceso de reclan-
destinización y profundizó su situación de inseguri-
dad, mostrando cómo en tiempos de crisis se agu-
diza la sanción social y moral sobre esta actividad.
Palabras clave: Trabajo sexual, pandemia COVID-
19, estigmatización, Cuenca-Ecuador.
ABSTRACT
The COVID-19 pandemic generated a planetary cri-
sis whose consequences were expressed with greater
intensity in groups in conditions of vulnerability or
social exclusion. In this context, sex workers were
one of the groups forgotten by the State and society,
mainly because of the social stigma that weighs on
them due to the social constructions of gender
around female sexuality. This article seeks to ana-
lyze some of the impacts that the pandemic had on
the practice of the profession and daily life of sex
workers in Cuenca-Ecuador, as well as the strategies
used by them for their survival, including the options
offered by the new information and communication
technologies. The research used a qualitative and
ethnographic methodology that reconstructed the
experience of women in this special period, based on
the dialogue with sex workers and key actors linked
to this line of work, through direct observation in the
various spaces where sexual services are offered and
obtaining information from secondary sources. It is
an attempt to contribute knowledge from a gender
perspective, in view of the academic vacuum on the
subject. The research showed that the pandemic re-
sulted in a re-stigmatization of women and their
bodies, which were seen as possible sources for the
spread of COVID-19. This phenomenon led women
to fall in a process of reclandestinization and deep-
ened their situation of insecurity, showing how, in
times of crisis, the social and moral sanction on this
activity becomes more acute.
Key words: Sex work, COVID-19 pandemic, stig-
matization, Cuenca-Ecuador.
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INTRODUCCIÓN
El contexto extraordinario vivido por la huma-
nidad con la pandemia modificó gran parte de las
prácticas sociales, pues su carácter de incertidum-
bre y amenaza para la salud de las personas pro-
vocó múltiples e impredecibles reacciones sociales
e institucionales, algunas sin precedentes. En este
marco, el presente artículo se pregunta acerca de las
vivencias en la ciudad ecuatoriana de Cuenca, de
un colectivo informal particular: las trabajadoras
sexuales, grupo marcado por la estigmatización so-
cial normalizada y la connotación de contacto fí-
sico que conlleva esta actividad, lo que influyó pro-
fundamente en su ejercicio en contexto de pande-
mia. Concretamente: ¿Cómo vivieron las trabaja-
doras sexuales el escenario socio-sanitario de res-
tricción impuesto durante la pandemia?, ¿qué im-
plicaciones tuvo en sus estrategias de sobreviven-
cia?, ¿existieron cambios en la percepción social e
institucional sobre la práctica del trabajo sexual y
las trabajadoras debido a ese contexto?
Mediante la recolección de información de
campo, con énfasis en el trabajo etnográfico y cua-
litativo, el documento recoge la experiencia y per-
cepciones de trabajadoras sexuales y su entorno,
que dan cuenta de estrategias aplicadas para sobre-
vivir por medio de su actividad ante las modifica-
ciones impuestas por la pandemia. Específica-
mente, la investigación trabajó sobre el objetivo ge-
neral de: analizar el impacto y estrategias de la pan-
demia en el oficio de la prostitución en la ciudad de
Cuenca, detallado en los específicos de: i) Descri-
bir y contrastar el ejercicio de la prostitución antes
y durante la época de la pandemia; ii) Identificar las
consecuencias socio-económicas de la pandemia en
la vida personal y familiar de mujeres que ejercen
el oficio de la prostitución y, iii) Determinar las es-
trategias utilizadas por trabajadoras sexuales para
la oferta de servicios sexuales, incluidas las relacio-
nadas con las nuevas tecnologías.
Tras el análisis conceptual con enfoque de gé-
nero, en el que se ubica la práctica del trabajo se-
1
Este artículo es producto de la investigación de licenciatura
de Songor y Durán (2024); Carrera de Sociología de la Uni-
versidad Cuenca, Ecuador.
xual ejercido por mujeres y marcado por la polé-
mica, el documento enfatiza en fenómenos relacio-
nados con la valoración de su práctica, existencia o
no de re-estigmatización, el uso de nuevas tecnolo-
gías como alternativa o, el tratamiento institucio-
nal, entre otros, entendidos como estrategias de
subsistencia diversas señaladas por las informantes
ante un contexto de especial restricción.
1
MARCO TEÓRICO
Trabajo sexual en Cuenca y Ecuador bajo pan-
demia
El contexto en que se desarrolló el estudio co-
rresponde a la realidad de la ciudad de Cuenca-
Ecuador durante el año 2023, es decir, en etapa de
pospandemia COVID-19. Cajas (2021) sostiene
que, para el caso de Ecuador, dicha pandemia debe
ser calificada como sindemia debido a que se trató
de un escenario de confluencia e inter-potenciación
de factores sanitarios, económicos, sociales y polí-
ticos que le dieron mayor agudeza que en otros paí-
ses del mundo. No en vano, zonas como la provin-
cia de El Guayas estuvo entre las tres más afectadas
y con mayor contagio y mortalidad del mundo
(junto a la provincia de Bérgamo y la ciudad de
Nueva York) durante un importante período al
inicio de la pandemia (Cajas, 2021, p.12).
En términos económicos, esta etapa correspon-
dió a un proceso de neoliberalización de la econo-
mía y política del país que recortó presupuesto al
sector público, especialmente, al sector de la salud,
despidiendo más de 8.000 funcionarios/as estatales
que nunca fueron restituidos pese a la gravedad de
la pandemia. Como señalan Granizo et al. (2023),
para referirse a los resultados e impactos que la en-
fermedad dejó en la población, varios estudios han
mostrado cómo la crisis generada por el COVID-
19 afectó de forma muy desigual a la población
ecuatoriana en función de sus condiciones socio-
económicas. Los sectores populares, particular-
mente aquellos insertos en actividades no reguladas
o excluidas del reconocimiento laboral (que es la
situación de las trabajadoras sexuales), se vieron
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especialmente afectados. Acurio et al. (2020) afir-
man que las personas que debieron continuar traba-
jando en el espacio público en Cuenca registraron
tres veces más contagios que aquellas que no estu-
vieron expuestas a estas condiciones. Es decir, la
pandemia como escenario de extrema incertidum-
bre y temor, sometió a los sectores laboralmente
precarizados a la disyuntiva entre la subsistencia y
el riesgo de contagio. Santos (2020) vaticinó esta
situación a principios de la crisis del COVID-19 al
señalar que el confinamiento en casa no era viable
para millones de personas de sectores populares del
mundo entero que obtenían su sustento diariamente
fuera de sus hogares, muchas veces, en espacios pú-
blicos. Cajas lo ajusta al caso del Ecuador, afir-
mando que la crisis del COVID-19 golpeó de forma
desproporcionada a los mismos grupos sociales, ra-
ciales y étnicos que a nivel nacional han sido histó-
ricamente explotados y marginados (2021, p. 46).
El marco excepcional señalado derivó en ge-
neral y, para las trabajadoras sexuales en particular,
en escenarios altamente complicados en los cuales
confluyeron: desprotección estatal y ausencia de
políticas públicas, agudización de la precariedad la-
boral y disminución de ingresos para los sectores
sin estabilidad laboral, todo en un contexto de im-
portante temor colectivo por la incertidumbre ante
una pandemia desconocida (Erazo, 2024).
En este contexto, uno de los actores que abogó
por apoyo institucional y generó algunas acciones
para paliar la crisis económica mediante ayudas
emergentes, sobre todo para las mujeres en mayo-
res condiciones de vulnerabilidad, fueron colecti-
vos de trabajadoras sexuales; de hecho en Ecuador
existen aproximadamente 20 colectivos de este tipo
ubicados sobre todo en las provincias costeras y la
ciudad de Quito, los cuales se agrupan en tres fede-
raciones: Plaperts (Plataforma Latinoamericana de
Personas que ejercen el Trabajo Sexual); Redtrab-
sex (Red de Trabajadoras Sexuales de Ecuador) y
la Federación Nacional de Mujeres Autónomas del
Ecuador (Organización CARE, 2018). En el país,
las organizaciones de trabajadoras sexuales surgie-
ron en la década de los 90 con el fin de defender
sus derechos, sindicalizarse y articularse en asocia-
ciones que les permitieran autoprotegerse y cui-
darse mutuamente.
El trabajo sexual en el marco del sistema pa-
triarcal y neoliberal
La existencia del trabajo sexual en la actuali-
dad debe interpretarse en el marco de la confluen-
cia de los sistemas patriarcal y capitalista neolibe-
ral, debido a que ambos sistemas de opresión (de
género y clase) se complementan y refuerzan mu-
tuamente. Junto a estos dos grandes sistemas es ne-
cesario, además, ubicar el fenómeno dentro de los
condicionantes que históricamente han impuesto la
colonialidad y el racismo estructural también sobre
las mujeres.
Las relaciones desiguales de género en todos
los ámbitos de la sociedad han ocasionado que las
mujeres posean no solamente la responsabilidad
casi total del trabajo doméstico y de cuidados, sino
también, el rol sexual de satisfacción del deseo
masculino de manera gratuita. Ello explica por qué
el varón tiene derecho a acceder al cuerpo de las
mujeres, el cual, en las sociedades patriarcales, es
considerado un objeto que se puede cambiar, com-
prar, vender o mercantilizar (Daich, 2017). Esta no-
ción es coincidente con un sistema socio-econó-
mico en el cual todo puede ser transformado en
mercancía, cosificado y comercializado mediante
la dinámica de oferta y demanda del mercado, in-
cluidos los cuerpos humanos. La enajenación de los
cuerpos y la posibilidad de control y posesión (por
parte de los hombres hacia las mujeres en este caso)
son unas de las principales consecuencias de la
alianza entre estos sistemas.
A la par, el ejercicio del trabajo sexual debe
leerse desde la lógica del sistema capitalista que ha
negado opciones laborales dignas a un amplio sec-
tor de la población y, en el cual, son las mujeres
quienes por lo general soportan la mayor carga de
las crisis económicas y contribuyen a la acumula-
ción del capital a través del trabajo denominado re-
productivo y de cuidados, normalmente gratuito e
invisibilizado. Por ello, es necesario situar al tra-
bajo sexual, además, dentro del continuum de falta
de oportunidades presentes en el marco de socieda-
des excluyentes y jerarquizadas que alimentan el
crecimiento económico a través de la explotación
de sectores subalternizados. En síntesis, la prostitu-
ción como un fenómeno socio-económico y cultu-
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ral, se sustenta en la configuración del sistema pa-
triarcal y se perpetúa por las ganancias que la in-
dustria del sexo provee al actual sistema capitalista
neoliberal.
Sentidos/significados sociales del estigma de la
prostitución
Pese a que la práctica de la prostitución pre-
senta, actualmente, un intenso proceso de diversifi-
cación de géneros, orientaciones sexuales, naciona-
lidades, edades, vínculos con las nuevas tecnolo-
gías y niveles de autonomía, entre otros, un fenó-
meno que se mantiene como constante a través de
las diferentes manifestaciones es el estigma social.
La estigmatización es un proceso que afecta, sobre
todo y muy claramente, a las mujeres y minorías
sexuales aunque debería investigarse si en varo-
nes, generaciones más jóvenes o prácticas de alto
standing se presenta con la misma virulencia. Al
respecto plantea Juliano: ¿qué hace a la prostitu-
ción el más estigmatizado de todos los trabajos?
¿Por qué su figura, incluso pese a ser muy minori-
taria y marginal en la sociedad, amenaza tanto el
imaginario social? (2019). Recurriendo a Goffman
(1970), como importante precursor de los análisis
acerca del estigma social, la discriminación y estig-
matización hacia las trabajadoras sexuales se po-
dría inscribir como una variante del tipo que el au-
tor denominó como estigma tribal. A diferencia de
aquel por razones étnicas, ideológicas o culturales,
este tendría una connotación moral(ista), compren-
sible especialmente desde las relaciones asimétri-
cas de género que se convierten en la clave para in-
terpretar la prostitución.
De hecho, el efecto principal de este tipo de es-
tigmatización es que se ejerce sobre las mujeres en
general y las trabajadoras sexuales en particular. Si
la construcción patriarcal de lo femenino y sus es-
tereotipos en nuestra sociedad pasan por la docili-
dad, obediencia, pasividad y la imagen casta de las
mujeres promovida desde el catolicismo es decir,
representaciones que no se corresponden con la
concepción de las trabajadoras sexuales, cualquier
mujer cuyo comportamiento se acerque a dicha
concepción representa lo contrario de la imagen de
una buena mujer. Por tanto, la principal función de
la estigmatización de las trabajadoras sexuales con-
siste en controlar a las mujeres que no ejercen ese
trabajo.
La sospecha de promiscuidad sobre cualquier
mujer y, la valoración negativa de su práctica se-
xual, trasforma a las que ejercen la prostitución en
depositarias preferentes de discriminación de gé-
nero (Juliano, 2002). En ese sentido la sociedad pa-
triarcal marcará una barrera fundamental entre mu-
jeres que ejercen la prostitución y mujeres “decen-
tes”, donde, mientras más normalizadas estén y/o
se quieran sentir, más se alejarán de relacionarse
con ellas. En ese sentido, no sorprende que, en ge-
neral, las mujeres se esfuercen por mostrarse leja-
nas del mundo de la prostitución, incluso más que
los propios varones que, si bien en algunos casos
pueden sufrir algún tipo de estigma venido tanto
desde una visión abolicionista que los califica de
“prostituyentes”, como desde los cuestionamientos
que generan las nuevas masculinidades (Morcillo
et al., 2021), nunca soportan el peso negativo del
estigma que portan “las prostitutas”.
La estigmatización es, además, un distorsiona-
dor ideológico que impide captar la imagen real de
la persona estigmatizada y la coloca bajo un rótulo
uniformizador en que sus características más recha-
zadas socialmente ocupan la totalidad del campo
identitario asignado. Muchas trabajadoras sexuales
consideran que la discriminación, segregación y es-
tigmatización, traducidas en indefensión y vulnera-
bilidad, son las consecuencias más duras de su
práctica (Juliano, 2019).
Las interpretaciones de la situación emitidas
sobre y por trabajadoras sexuales, muestran una
realidad variada en donde se identifica, por una
parte, que la explotación no está ausente, pero
donde, a la vez, son frecuentes los casos de opcio-
nes voluntarias en su ejercicio (Izcara, 2020. Briz,
2021), que es considerado por sus protagonistas
(por ejemplo, mujeres jóvenes centroamericanas
con la intención de ingresar a EEUU con disposi-
ción al ejercicio del trabajo sexual para poder ga-
narse la vida y ahorrar) como un ámbito laboral le-
gítimo, unido a la independencia económica y, a
través de ella, la consiguiente autoestima de ga-
narse autónomamente la vida.
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Junto al estigma social encontramos la actua-
ción biopolítica del Estado respecto al trabajo se-
xual. El registro y control permanente de los cuerpos
de las trabajadoras sexuales constituye una manifes-
tación de ello, que se expresa a través del biopoder
sobre los cuerpos. De acuerdo con Foucault (1977),
el biopoder actúa sobre la salud, la higiene, la sexua-
lidad, la natalidad, la esperanza de vida, la mortali-
dad y todos aquellos aspectos que tienen que ver con
los procesos biológicos y de bienestar de las pobla-
ciones. El control que ejerce el Estado es una de las
“técnicas diversas y numerosas para obtener la suje-
ción de los cuerpos y el control de las poblaciones
en aras de preservar el statu quo (Foucault, 1977).
Más n, estos cuerpos disidentes de la norma social
deben ser vigilados y controlados con la finalidad de
convertirlos, en palabras del mismo autor, en “cuer-
pos dóciles” al sistema. Es decir, el biopoder opera
a través de tecnologías disciplinarias que controlan
los cuerpos individuales y los cuerpos sociales. La
estigmatización desde lo institucional y social varía
según contextos y, por momentos, provoca procesos
de re-estigmatización, como lo sucedido durante la
pandemia y pospandemia. Es decir, un proceso de
re-estigmatización corresponde a contextos y co-
yunturas donde una práctica ya existente recibe nue-
vas cargas negativas que la devalúan, profundizando
la afectación de ciertos sujetos.
Enfoque interseccional para abordar la diversifi-
cación y estigmatización del trabajo sexual
El enfoque interseccional, que ha cobrado pro-
funda relevancia en los estudios de nero, resulta
especialmente útil para campos como el de la pros-
titución por su carga de estigmatización y exclusión
social. Según Rodó-rate (2022), las desigualdades
no son abstractas, por el contrario, se materializan y
encarnan de forma específica en cada individuo. La
persona que ejerce la prostitución, a más de ser es-
tigmatizada por su práctica, porta diversos atributos
sociales nero, identidad sexual, clase social, co-
lor de piel, nivel cultural, acercamiento a los patro-
nes de belleza, edad o nacionalidad que la sitúan
en posiciones diferenciadas dentro de las estructuras
de desigualdad que organizan el orden social. Evi-
dentemente, no todos poseen el mismo peso y varios
de los más determinantes en lo social suelen tener
connotaciones de género y clase social.
En directa relación con ese contexto, asistimos
a un escenario de alta diversificación al interior de
las personas que ejercen el trabajo sexual, así:
Mujeres que pisaron la cárcel, con
adicciones; que sufrieron maltrato en
sus relaciones de pareja; mujeres mayo-
res y jóvenes; mujeres gitanas; mujeres
con nacionalidad local y mujeres inmi-
grantes llegadas de culturas y países
muy diferentes, con papeles y sin pape-
les; mujeres cis y mujeres trans; hom-
bres, maricas o no; lesbianas, heterose-
xuales y bisexuales; mujeres que ejer-
cen la prostitución esporádicamente
para llegar a fin de mes y mujeres que
hacen de la prostitución su profesión;
mujeres que vienen de familias acomo-
dadas y mujeres a quienes la pobreza
golpeó con fuerza (Briz, 2021, p.189).
El enfoque interseccional aporta claves funda-
mentales para comprender la situación social de las
trabajadoras sexuales y las características del es-
tigma que reciben (Briz, 2021). En esta práctica, a la
que se llega desde realidades y razones diversas,
quienes la ejercen se ven afectadas por múltiples
ejes de desigualdad donde, la persona que resulta
perjudicada por varios de ellos, será más estigmati-
zada.
Al respecto, y tal cual se aprecia también en este
estudio, el análisis interseccional nos permite identi-
ficar que el estigma, segregación, discriminación,
opresión, etc., no operan ni regular ni constante-
mente sobre estas mujeres que, por lo tanto, encuen-
tran también contextos donde se libran del estigma
presente en el espacio público y sus instituciones. En
efecto, sus hogares, grupos de pares o incluso luga-
res de trabajo pueden resultar espacios más seguros
para ellas.
El debate sobre el trabajo sexual al interior del
feminismo
La prostitución es una práctica que ha experi-
mentado cambios profundos a lo largo de la historia.
Es, a la vez, una institución social que condensa una
serie de estructuras culturales, económicas, sociales,
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religiosas, políticas y de nero que han posibilitado
y justificado su existencia y continuidad en el
tiempo.
De los diversos debates sobre esta actividad,
uno de los más relevantes es el levantado por el mo-
vimiento feminista desde los 80, pues la venta o in-
tercambio de servicios sexuales por dinero o recur-
sos, ejercida en su gran mayoría por mujeres, inter-
peló al pensamiento feminista generando posturas
diversas y enfrentadas, sin que exista consenso al
respecto. Dentro del pensamiento feminista surgie-
ron tres corrientes que han sido dominantes en el
debate: la abolicionista, la postura de reconoci-
miento como trabajo sexual (Daich, 2012) y, la pro-
sex. Para la primera, la prostitución es uno de los
mecanismos de degradación y opresión de las mu-
jeres más profundos que existen; la segunda, la
concibe como una actividad temporal que asumen
algunas mujeres en momentos específicos de sus
vidas con la finalidad de acceder a recursos, activi-
dad que puede ser entendida, incluso, como una de-
cisión soberana sobre su propio cuerpo y sexuali-
dad (Aucía, 2008) y la tercera, reivindica la auto-
nomía sexual de las mujeres, aboga por sus dere-
chos como trabajadoras y critica la moralización de
la sexualidad.
En este contexto de disputa de sentidos sobre
la prostitución, un punto de encuentro entre las dis-
tintas posturas feministas es la crítica a la construc-
ción social del sujeto “prostituta” a través de meca-
nismos culturales y de poder como son los discur-
sos y el lenguaje (Falconí, 2018). La denominación
de “putas” que se da a las mujeres que se dedican a
la prostitución es un calificativo que afecta su va-
loración social como personas y su reputación; ca-
lificativo que termina convirtiéndose en una estra-
tegia de control de la sexualidad femenina en gene-
ral, haciendo que las mujeres tengan miedo de vivir
libremente su sexualidad por temor a ser tachadas,
discriminadas y violentadas (Olaya, 2021). Otros
puntos de encuentro entre posturas son: la necesi-
dad de desestigmatizar a las mujeres, la suspensión
de la penalización hacia ellas y, el intento por sepa-
rar la institución (prostitución) de las personas que
la ejercen, a fin de que esta actividad no defina la
identidad de las mujeres, limite su aceptación so-
cial o las marque de por vida.
Si bien el feminismo ha transitado por diversas
posiciones en torno a la prostitución, el debate se
ha ido polarizando cada vez más entre posturas
abolicionistas y antiabolicionistas (vinculadas a la
noción de la prostitución como trabajo sexual). El
desacuerdo radica en la caracterización de la pros-
titución; para el abolicionismo, la prostitución es,
en todos los casos, una forma de explotación e in-
cluso esclavitud sexual, a más de un mecanismo
que perpetúa la violencia de género y uno de los
pilares que mantiene el sistema patriarcal (Barry,
1995, Lagarde, 1990). Frente a ello, para esta pos-
tura, la única opción posible es abolir la prostitu-
ción y no permitir o legalizar su ejercicio. Por el
contrario, para la posición antiabolicionista, estas
aseveraciones confunden a la prostitución con la
trata, simplifican el fenómeno y no se adecúan a las
diversas realidades de las mujeres que ejercen di-
cha actividad pues homogenizan a las personas, sus
diferentes situaciones vitales y deciden por ellas
(Pheterson, 2000; Juliano, 2002; Lamas, 2014).
Adicionalmente, considera que el abolicionismo no
resuelve la situación y problemática actual de las
mujeres que ejercen esta actividad, razón por la
cual, esta corriente aboga por la regulación de la
prostitución con miras a buscar condiciones de tra-
bajo seguras y defender los derechos sobre todo
laborales de las mujeres.
El debate del feminismo se vio alimentado por
la incursión en escena de organizaciones conforma-
das por mujeres que ejercían la prostitución, quie-
nes empezaron a luchar contra la estigmatización y
las etiquetas sociales que las degradaban, e intenta-
ron posicionar que esta actividad era un trabajo y,
en consecuencia, a demandar derechos laborales y
sociales (Corso y Landi, 2000). Nacen así, en los
80, los términos “trabajo sexual” y “trabajadoras
sexuales” para quienes se dedicaban a él (Morcillo,
2016), denominaciones que fueron apoyadas por
varios colectivos feministas antiabolicionistas.
Una de las discusiones centrales en torno a la
denominación de esta actividad como trabajo se-
xual es el hecho de si puede haber libertad de deci-
sión para las mujeres con relación a su ejercicio o
si esta es siempre una actividad inducida por terce-
ros. Según Holgado (2004), es posible que las mu-
jeres ingresen voluntariamente en este mundo
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luego de realizar una valoración de alternativas po-
sibles, determinadas a su vez por los significados
que ellas dan a esta actividad, sus historias indivi-
duales y las estrategias para su sobrevivencia y la
de sus familias. Por tanto, es importante diferenciar
el trabajo sexual que se realiza por coacción de ter-
ceros y que puede estar relacionado con los fenó-
menos de trata y tráfico, de aquel que se ejerce
luego de una decisión personal, con lo cual, el an-
tiabolicionismo y las trabajadoras sexuales organi-
zadas, cuestionan la percepción de que ellas son, en
todos los casos, víctimas sin capacidad de resisten-
cia, decisión o agencia.
Finalmente, quienes defienden que se debe ha-
blar de trabajo sexual sostienen que el cambio de
denominación posibilita a las mujeres romper la di-
ferenciación patriarcal entre “buenas y malas mu-
jeres” e interactuar con otros grupos de mujeres en
situaciones similares, lo que permitiría desarrollar
formas de resistencia que podrían articularse a la
lucha feminista.
El capital erótico
En este contexto, en que la prostitución se ha
convertido en un debate que divide al feminismo,
además de poner en jaque la idea de sororidad entre
mujeres, existe otro debate de fondo acerca de la
existencia y relación de las mujeres con sus cuer-
pos, sexualidad y placer que también ha atravesado
el movimiento: el denominado “capital erótico”
que, como su nombre indica, constituiría (tal cual
los otros acotados por Bourdieu) un activo personal
y tipo de poder. Vinculado al atractivo y belleza de
las personas explicaría, en su relación con otros ca-
pitales, que las mujeres de bajos recursos o grupos
subalternizados puedan tener éxito en las socieda-
des capitalistas (y no solo). Una de las razones por
la que se habría pasado por alto dicho capital es
porque la élite no puede monopolizarlo. Según Ha-
kim (2011), promotora del concepto, el capital eró-
tico tiene tanto valor como el dinero, la educación
o las relaciones en nuestras sociedades, a la vez
que, en una sociedad patriarcal, las mujeres pueden
y hacen mayor uso de él como mecanismo de as-
censo y reconocimiento. Para la autora, el capital
erótico constituiría incluso una forma subversiva
de capital ya que es independiente de la clase social
o del estatus, sobre todo cuando es poseído por
mujeres.
Su potencial estaría fuertemente ligado a otro
factor clave que beneficiaría a las mujeres: el défi-
cit sexual masculino que, según la autora, tiene un
carácter sistemático y universal. Es decir, entre de-
seo y sexualidad masculina y femenina, persisten
importantes diferencias cualitativas y este déficit
masculino daría ventaja a las mujeres en las rela-
ciones privadas. De hecho, el arma más eficaz a la
cual ha recurrido el sistema patriarcal para limitar
el uso femenino del capital erótico sería precisa-
mente la estigmatización de las mujeres que venden
servicios sexuales.
La prostitución sería una opción de mujeres
que hacen un uso de su capital erótico para ganarse
la vida, aunque suponga soportar el estigma social
y otros riesgos, constituyendo un ejemplo de cómo
la prostitución se mueve entre la estigmatización y
la rentabilidad (Juliano, 2019).
Reconocer o no un papel al capital erótico,
junto con otorgar a quienes lo poseen capacidad de
decisión más allá de que puedan ser también víc-
timas de aspectos relacionados con el trabajo se-
xual, entronca de lleno con los enfoques enfren-
tados en el debate abolicionismoantiabolicio-
nismo, que, además, tiene un impacto en el abor-
daje institucional que se está dando al tema y, es-
pecialmente, a las personas que están inmersas en
él.
El trabajo sexual en la era de la virtualidad
En el mundo actual, definido por Castells
(2000) como “la era de la información”, la econo-
mía está centrada en el conocimiento y la informa-
ción como bases de la producción, productividad y
competitividad a nivel global. A la par, las nuevas
tecnologías de la información y comunicación han
favorecido la emergencia de una estructura social
en red que implica que todas las esferas de la vida
humana, desde la organización del gobierno, la pro-
ducción, las interacciones sociales y la vida coti-
diana estén impregnadas por la generación, proce-
samiento y transmisión de información a través de
la virtualidad.
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En este contexto, también la industria del sexo
se ha globalizado paulatinamente generando cam-
bios vertiginosos en su lógica de operación, sopor-
tados en la virtualidad y los beneficios de conecti-
vidad que abre internet. Según Holgado, el desarro-
llo de las nuevas tecnologías de la comunicación,
especialmente el internet y la telefonía digital “ha
propiciado la popularización de modos inéditos de
experiencia sexual, a través de líneas eróticas y mi-
les de páginas dedicadas al sexo en el espacio de
internet” (2008, p. 3). En el caso del Ecuador, se-
gún un informe del sitio “Ecuador Estado Digital”
(2021), los sitios web y App con contenido sexual
se ubicaron entre los primeros sitios de búsqueda
de los usuarios de internet. Así, tras Wikipedia,
YouTube, Google, Facebook y WhatsApp, encon-
tramos en sexta y séptima posición, páginas de con-
tenido sexual y pornográfico (Alcázar, 2021), bús-
quedas que se incrementaron en época de confina-
miento por el COVID-19, cuando los usuarios au-
mentaron el tiempo diario de navegación en la web.
La virtualidad ha abierto nuevas posibilidades
de ejercicio del trabajo sexual, rompiendo barreras
físicas, temporales y espaciales. La tecnología ha
permitido diversificar productos y servicios debido
a las múltiples opciones creativas de la digitalidad
(Madeline y Pantéa, 2017) y, su uso ha crecido,
además, gracias a la publicidad en redes sociales.
Algunas ventajas de la virtualidad han permitido
que la demanda de servicios sexuales se incremente
exponencialmente: anonimato para los consumido-
res, ausencia de riesgo de contagio de enfermeda-
des de transmisión sexual, comodidad de recibir el
servicio en un lugar elegido, facilidad de las
transacciones virtuales y mayores posibilidades de
elección acordes con las demandas y gustos del
cliente (Martí, 2016; Benavides y González, 2022).
Las ventajas de la virtualidad acompañan tam-
bién a las trabajadoras sexuales que encuentran en
las redes protección a su identidad en algunos ca-
sos, menor riesgo de transmisión de enfermedades
de contacto sexual o disminución de las posibilida-
des de sufrir violencia. Sin embargo, no están exen-
tas de amenazas, pues existen otros peligros como
el ciberacoso que puede escalar a acoso fuera de lí-
nea, la vinculación de la identidad personal de las
mujeres con el material que se publica que puede
ocasionar reconocimiento facial bajo algunos soft-
wares (Cid, 2021, p. 11). En síntesis, las nuevas tec-
nologías de la información y la comunicación han
revolucionado también la industria del sexo y ge-
nerado nuevos desafíos al trabajo sexual en un con-
texto virtual donde el cuerpo físico y el deseo ad-
quieren sentidos antes impensados.
METODOLOGÍA
La metodología que guio la presente investiga-
ción se asumió desde un enfoque cualitativo, explo-
ratoriodescriptivo, de corte etnográfico focalizado, con
estudio de casos intensivo y análisis temáticointerpre-
tativo, desde una perspectiva de género. Las técnicas
que permitieron la recolección de la información
fueron: revisión bibliográfica y documental (in-
cluida investigación hemerográfica); recopilación
de información de fuentes secundarias, esto es, el
Ministerio de Salud zonal 6 e Intendencia General
de Policía del Azuay; observación no participante
(en áreas públicas en donde se oferta el trabajo se-
xual en la ciudad de Cuenca: zona de tolerancia, ca-
sas de citas clandestinas y Centro de Salud). Se rea-
lizaron entrevistas a profundidad, modalidad histo-
rias de vida, a dos mujeres trabajadoras sexuales y
una entrevista semiestructurada, a una tercera; la
consecución de las entrevistas y la entrada en el
submundo del trabajo sexual fue posible a través de
contactos que permitieron acceder a ellas de ma-
nera segura, lo que implicó varios intentos, y se lo-
gró a través de una integrante de la Organización
“Mujeres por el cambio”, quien gozaba de su con-
fianza. Adicionalmente, se levantaron entrevistas
semiestructuradas a informantes claves (integrante
de la organización “Mujeres por el cambio”, enti-
dad que trabaja en temas de salud sexual y repro-
ductivas y, la médica gineco-obstetra que les rea-
liza los controles periódicos de salud).
El acceso a la realización de entrevistas a las
trabajadoras sexuales fue complejo debido a la
clandestinidad de su actividad, la desconfianza por
parte de ellas al ser un grupo socialmente estigma-
tizado, y los riesgos como investigadoras al ingre-
sar a espacios que podían revestir peligro para la
integridad. Por esta razón, la información recopi-
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lada con estas entrevistas fue complementada a tra-
vés de testimonios de informantes clave conocedo-
ras del contexto.
Es necesario mencionar que la investigación se
centró en estudiar a mujeres jóvenes porque, ade-
más de ser el grupo que cumple con las expectati-
vas para el ejercicio del trabajo sexual, presenta
también, una situación económica inestable debido
a la problemática social del país, signada por el des-
empleo juvenil, pues, durante los años críticos de la
emergencia sanitaria (2020-2022) el desempleo se
incrementó en el Ecuador, fundamentalmente entre
la población joven ya que en el 2022, la tasa de des-
empleo juvenil (18 a 29 años) alcanzó el 9,9%, cifra
superior al promedio nacional (INEC, 2022). Pre-
vio a la aplicación de las entrevistas, las participan-
tes fueron informadas de los objetivos de la inves-
tigación y el uso de sus resultados. Así mismo, las
mujeres firmaron un consentimiento informado que
les aseguró la confidencialidad de la información y
el anonimato, para lo cual, entre otras precauciones
éticas, se procedió a utilizar nombres ficticios
(Sara, Marilú, Camila) a fin de precautelar su segu-
ridad y privacidad.
La información primaria fue analiza mediante
análisis de discursos en profundidad poniendo es-
pecial énfasis en su componente interseccional;
para él las situaciones socioeconómicas, de migra-
ción, edad y si tenían o no pareja emergieron como
las más relevantes recurriéndose para ello al análi-
sis y contraste de sus vivencias en diferentes espa-
cios sociales y privados inspirados en la técnica del
relief map.
RESULTADOS
El trabajo sexual en Cuenca ha sido histórica-
mente considerado un tema tabú debido a la matriz
conservadora de la ciudad, producto en gran me-
dida de los preceptos morales católicos que han ge-
nerado un imaginario negativo en la población con
relación a la sexualidad, especialmente de las mu-
jeres. Como consecuencia, las trabajadoras sexua-
les son discriminadas y estigmatizadas. Sin em-
bargo, esta situación no se replica con los clientes,
lo cual evidencia la doble moral imperante en una
ciudad que condena a las mujeres mientras exime
de responsabilidad a los consumidores de servicios
sexuales.
Esta discrepancia en el trato y la percepción so-
cial pone de manifiesto las dinámicas de género y
poder que subyacen en la problemática del trabajo
sexual, revelando así contradicciones inherentes a
una sociedad que se debate entre sus valores tradi-
cionales y realidades sociales contemporáneas.
El ejercicio del trabajo sexual en Cuenca
El trabajo sexual en Cuenca se desarrolla en
tres escenarios principales: los prostíbulos o night
clubs, las casas de citas (a menudo clandestinas) y
espacios públicos. Cada uno de estos ámbitos pre-
senta características y dinámicas particulares. Los
prostíbulos suelen emplear a mujeres jóvenes, ge-
neralmente entre 18 y 25 años, provenientes de
fuera de la ciudad. Estos establecimientos atraen a
clientes con mayor poder adquisitivo y ofrecen
cierto grado de seguridad a las trabajadoras. Por
otro lado, las casas clandestinas muestran un com-
portamiento cíclico debido a su naturaleza ilegal,
pues operan sin permisos institucionales, lo que las
obliga a abrir y cerrar periódicamente para evadir
el control de las autoridades. Además de ser espa-
cios para el ejercicio del trabajo sexual, suelen ser-
vir también como vivienda para las trabajadoras, lo
que provoca jornadas laborales más extensas, me-
nor capacidad para rechazar clientes y condiciones
de seguridad precarias. En cuanto al espacio pú-
blico, las trabajadoras sexuales que ofrecen sus ser-
vicios en estas áreas presentan un perfil más hete-
rogéneo en comparación con los otros espacios (por
ejemplo, algunas superan el promedio de edad
aceptado en los establecimientos formales). Sin
embargo, esta modalidad de trabajo las expone a
una mayor vulnerabilidad debido a los peligros in-
herentes al ámbito público en el contexto de esta
actividad.
Aunque no existen datos precisos sobre las
mujeres que trabajan en casas o sitios clandestinos,
informantes señalaban que en cada uno de estos lu-
gares suelen atender entre tres y cinco mujeres,
quienes rotan constantemente de lugar de trabajo.
De igual manera, se calcula que, en la denominada
zona de tolerancia laboran aproximadamente 250
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trabajadoras sexuales, mientras que en espacios pú-
blicos se encuentran alrededor de 100 mujeres (in-
tegrante de “Mujeres por el cambio”, 31 julio
2023).
La gran mayoría de las trabajadoras sexuales
que viven en Cuenca mencionan razones diversas
sobre su ingreso a esta actividad: falta de oportuni-
dades, carencias económicas (agravadas por el he-
cho de que muchas son cabezas de hogar a cargo de
hijos), desempleo o empleos precarios e inestables,
bajo nivel de estudios, migración, separación con-
yugal o pérdida de empleo de la pareja. Estos fac-
tores, en conjunto, contribuyeron a su decisión de
optar por el trabajo sexual como medio de subsis-
tencia. Así:
Yo comencé… porque no tenía di-
nero para mis hijos, para darles de co-
mer y teníamos muchas necesidades y,
como yo no tengo estudios... Yo era
ama de casa y me dedicaba a cuidar a
mis hijos… a veces trabajaba ayudando
a mis papás en los cultivos o también
en una tienda que había cerca de mi
casa, pero no en un trabajo estable, eso
yo no tenía. Yo dependía de mi esposo
y de lo poco que yo ganaba cuando tra-
bajaba (“Sara”, 13 abril 2023).
El trabajo sexual se presenta, desde sus discur-
sos, como una estrategia para alcanzar un proyecto
de vida, generalmente relacionado con el bienestar
de sus familias e hijos/as. Esta motivación le con-
fiere un sentido a su actividad y, en cierta medida,
las vincula al rol social de madre sacrificada, lo
cual puede atenuar el estigma asociado a su trabajo.
Por ejemplo, "Marilú" explicó su ingreso a esta ac-
tividad diciendo: "Porque tengo un propósito, mi
hija estudia Belleza y tengo que ponerle un nego-
cio" (13 abril 2023).
En ocasiones, el trabajo sexual se convierte en
una vía para generar oportunidades vitales, adquirir
experiencia o elevar el estatus social en el lugar de
origen, siempre que la fuente de ingresos se man-
tenga en secreto. Por ello, según las entrevistadas,
esta actividad les ha permitido lograr mayor auto-
nomía y libertad económica. Sin embargo, también
existen casos en Cuenca de mujeres inducidas a
ejercer este oficio por sus parejas, quienes se con-
vierten en sus proxenetas, generando relaciones de
dependencia y violencia.
Las mujeres que laboran en prostíbulos o casas
de citas han desarrollado una lógica horaria que se
ajusta a los requerimientos de los clientes, reprodu-
ciendo el comportamiento de trabajadores migran-
tes cuya vida gira en torno a su actividad laboral:
Un día de trabajo… en las maña-
nas duermo hasta las 12, de ahí me le-
vanto, me arreglo, voy a comer y des-
pués a trabajar. Vengo a la una de la
tarde, si hay con quien ocuparse nos
ocupamos, pasamos de aquí por aquí,
de allá por acá. A las seis de la tarde
salimos a merendar, vuelta entramos a
las siete y normalmente a las diez de la
noche nos cancelan lo que hemos he-
cho y cada una se va a dormir al hotel.
Así es todos los días de la semana, solo
hago eso y siempre trabajo para poder
ganar más plata (“Marilú”, 13 abril
2023).
Al respecto, se identificó una mayor situación
de vulnerabilidad de mujeres venezolanas debido a
su condición migratoria, lo que las llevó a reducir
los precios de sus servicios para captar más clien-
tes, acción que es percibida como competencia des-
leal por trabajadoras locales. Sobre esta temática, la
ginecóloga del Centro de Salud Carlos Elizalde co-
mentó:
Ellas me dicen a mí: “doctora, el
trabajo está bajo, porque las venezola-
nas han venido a cogernos la clientela
y ellas cobran un porcentaje y les hacen
más cosas al cliente”. Por decir, una
trabajadora sexual gana $15, $10 son
para la casa de citas y $5 para ellas y
solamente tienen sexo. En cambio, las
venezolanas [hacen lo que] sus clientes
quieren… por el mismo valor. Como
que dañan el trabajo de las ecuatorianas
(16 agosto 2023).
La particularidad de Cuenca y su población se
refleja en las percepciones de las trabajadoras se-
xuales sobre el espacio y el tipo de clientes. Ellas
afirman que Cuenca es una plaza más tranquila y
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segura para trabajar, donde además reciben mejor
trato:
A veces hay buenos clientes y más
algunos que son buenos contigo. Ahí
no me puedo quejar porque aquí en
Cuenca los clientes son tranquilos, la
mayoría, y te tratan bien. Algunos hasta
te dejan propina, porque yo hago que
les guste mi servicio... Las mejores ex-
periencias para mí, creo que son las sa-
lidas con los clientes. Hay clientes que
te llevan a diferentes lugares, algo que
tú nunca has conocido y es muy intere-
sante, lugares que yo nunca he pensado
pisar en mi vida y se portan bien con-
tigo, te llevan a comer bien y, a veces,
hasta te compran cosas. Es como que
quieren solo nuestra compañía. Algu-
nas veces ni se ocupan (“Sara”, 13 abril
2023).
Un punto central en los testimonios es la per-
cepción familiar sobre esta actividad, que evidencia
una tensión constante y una posición defensiva de
las mujeres. En algunos casos, la familia tolera esta
situación no sin conflicto debido a que repre-
senta una fuente de ingresos que permite la super-
vivencia de las trabajadoras, sus hijos/as y, en oca-
siones, de la propia familia. Al respecto, las entre-
vistadas comentaron:
[Mi familia] no piensa ni bien ni
mal, pero ellos ven que con el trabajo
que desempeño trato de hacer lo que
quiero lograr, entonces no es que voy y
lo malgasto o no les envío algo. A ve-
ces me apoyan, a veces no (“Marilú”,
13 abril 2023).
Sí, ellos saben: mi papá, mi mamá
y mi hermana; mis hijos no saben por-
que todavía son pequeños. A mí no me
importa si las demás personas se ente-
ran porque ellos a mí no me dan de co-
mer, ni pagan mis gastos, por eso a
no me importa lo que el resto piense de
y menos de mi trabajo. Ellos [pa-
dres] no opinan nada… no se meten en
mi vida laboral, ni en nada de lo que yo
haga con mi vida, a la final, la que está
trabajando en esto soy yo y ellos no me
juzgan porque son mis decisiones y es
mi vida (“Sara”, 13 abril 2023).
A no me importa, digan lo que
digan. Yo me fui de la casa cuando te-
nía 14 años y nadie vio por mí, a excep-
ción de mis hermanas... mi mamá me
llamó a reclamar y yo le dije: “¿tú me
vas a pagar las deudas que yo tengo, me
vas a hacer las compras? No, entonces
no me molestes” (“Camila”, 9 mayo
2023).
Las mujeres establecen, entonces, límites a las
opiniones e intromisiones familiares como una
forma de protegerse emocionalmente, sin llegar a
una ruptura total de relaciones con sus familias de-
bido a la necesidad de garantizar el cuidado de
los/as hijos/as pequeños a cargo de dichas familias.
El trabajo sexual en Cuenca, también está mar-
cado por un submundo de actividades ilícitas en su
entorno. Entre estas se encuentran las denominadas
"vacunas" (extorsiones) o el consumo de drogas y
alcohol, que forman parte de su cotidianidad, espe-
cialmente de aquellas que laboran en night clubs o
prostíbulos.
Condiciones sanitarias para el ejercicio del tra-
bajo sexual en Cuenca
Gálvez (2018) señala que el trabajo sexual ha
sido considerado desde una perspectiva higienista
como una enfermedad social que perjudica al con-
junto de la sociedad, por tanto, las mujeres deben
ser chequeadas continuamente a través de exáme-
nes médicos cuyos resultados son evaluados con la
finalidad de normar, restringir y, en algunos casos,
penalizar.
En esta línea, el Ministerio de Salud del Ecua-
dor tiene una normativa y protocolo para el abor-
daje del trabajo sexual que busca prevenir y tratar
enfermedades de transmisión sexual. La importan-
cia del rol del Ministerio radica en que tiene la po-
testad de otorgar a las mujeres un carnet que se con-
vierte en una licencia para que puedan ejercer el
trabajo sexual. Al obtener el carnet, ellas deben
asistir todos los meses a controles ginecológicos y
cada tres meses realizarse exámenes profilácticos
para determinar si son portadoras de enfermedades
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de transmisión sexual. Los exámenes son gratuitos
y deben realizarse en uno de los dos centros desti-
nados a este tipo de atención en la ciudad.
Con el fin de motivar a las trabajadoras sexua-
les para que se realicen los exámenes y profilaxis
mensuales, según el testimonio de la ginecóloga
entrevistada, el Ministerio de Salud entrega en la
actualidad un kit con insumos básicos para el cui-
dado personal debido a que, de acuerdo con esta
profesional, un grupo de mujeres que ejercen esta
actividad en Cuenca sobre todo quienes están en
espacios públicos, no acuden a controles de sa-
lud periódicos. La preocupación principal de la gi-
necóloga es que existe un alto número de mujeres
que ejercen el trabajo sexual sin contar con un car-
net sanitario (cifra que no se puede determinar de-
bido a la clandestinidad de la actividad), por lo que
una de las metas del Ministerio es llegar a este
grupo, pues:
La prostitución en la ciudad de
Cuenca es como escondida, tapiñada,
personas que no se imaginan ustedes…
debería mejorar muchísimo, por decir,
lo de las calles; yo siempre he dicho y
seguiré diciendo que tienen que reubi-
car a las chicas, por ejemplo, tantas que
hay en el Terminal. Cuando yo me doy
una vuelta por el Terminal y veo, nin-
guna es mi paciente porque yo ya las
conozco, yo ya cuáles son mis pa-
cientes. Entonces, reubicarlas o buscar
un lugar donde sea casa de citas, donde
estén registradas y les den los certifica-
dos de salud, que estas muchachas si
tienen alguna emergencia puedan ir al
seguro social (16 agosto 2023).
Esta problemática se vuelve más sensible por-
que, según el testimonio de una integrante de “Mu-
jeres por el cambio”, algunas trabajadoras sexuales
que han sido infectadas con enfermedades de trans-
misión sexual como el VIH continúan ejerciendo su
actividad al no contar con otra alternativa, además
que deben costear los gastos médicos inherentes a
la enfermedad:
Las mujeres que salen positivo
para VIH no se retiran del trabajo se-
xual, lo que hacen es seguir las indica-
ciones que el médico les da. En eso no-
sotros nos activamos para estar pen-
dientes de que las chicas reciban medi-
cación y sigan las indicaciones que el
médico da (integrante de “Mujeres por
el cambio”, 31 julio 2023).
Resulta significativo que la expedición del car-
net sanitario y los permanentes exámenes y contro-
les, más que pensados en la salud de las mujeres,
en realidad están diseñados para salvaguardar la sa-
lud de los clientes y para mantener a las trabajado-
ras sexuales controladas y vigiladas. Desde una mi-
rada más profunda, el registro y control permanente
de los cuerpos de las mujeres que se dedican al tra-
bajo sexual constituye una manifestación de la bio-
política del Estado, que se expresa a través del bio-
poder sobre sus cuerpos. Lo anterior contrasta con
el nulo control a los clientes por considerar que
ellas son el foco para la transmisión de enfermeda-
des sexuales dejando exentos a los hombres que
consumen y pagan por sexo.
Trabajo sexual en el contexto de la pandemia y
pospandemia
La pandemia de COVID-19 provocó cambios
significativos en la dinámica del trabajo sexual en
Cuenca. Según el estudio realizado por Redrován y
Camas (2023), debido a la crisis, este sector expe-
rimentó una notable diversificación. Además de
mujeres migrantes, surgieron nuevas ofertantes, in-
cluyendo mujeres en estado de gestación y mujeres
con discapacidad.
En lo que respecta a la zona de tolerancia de la
ciudad se observó un cambio drástico en su funcio-
namiento. Al disminuir la actividad en los estable-
cimientos habituales, las mujeres se vieron obliga-
das a trasladarse a las calles aledañas con el fin de
atraer a los escasos clientes que aún visitaban la
zona. Esta situación generó un creciente descon-
tento entre residentes locales, quienes expresaron
su malestar ante las autoridades y la opinión pú-
blica. Sus reclamos se centraron en la demanda de
reubicar a las trabajadoras sexuales hacia áreas más
alejadas de la ciudad, argumentando que esta acti-
vidad atraía problemas de delincuencia e inseguri-
dad (Orellana, 2020).
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Al inicio de la crisis sanitaria, la oferta de ser-
vicios sexuales se vio prácticamente paralizada de-
bido al temor generalizado al contagio y el desco-
nocimiento sobre el comportamiento del virus. Sin
embargo, tanto los propietarios de los estableci-
mientos como las propias trabajadoras sexuales
desplegaron diversas estrategias para sostener su
actividad en un contexto adverso. De manera ac-
tiva, se organizaron para alquilar viviendas com-
partidas con otras compañeras, lo que les permitió
continuar con su actividad, aunque a una escala
considerablemente más reducida. En palabras de
“Sara”:
Yo estaba aquí en Cuenca cuando
comenzaron los encierros de la pande-
mia… trabajando aquí mismo. Pero,
como no dejaban abrir, la dueña nos ha-
cía trabajar en una casa que está aquí al
lado, es una casa que es de ella. Ahí los
clientes al inicio no venían porque no
había cómo salir de las casas, pero
luego, cuando las medidas bajaron y ya
había cómo salir, comenzamos a aten-
der en esa casa (13 abril 2023).
Una evidencia adicional del descenso de esta
actividad en la ciudad de Cuenca durante el periodo
de confinamiento, la proporcionó la Intendencia de
Policía, que informó que los permisos de funciona-
miento para centros de diversión nocturna bajaron
en un 85% durante la etapa de pandemia (Intenden-
cia de Policía del Azuay, 2023).
Para las trabajadoras sexuales entrevistadas, la
pandemia signifiun cambio rotundo en su vida
cotidiana porque tuvieron que regresar a su lugar de
origen, y la crisis económica generó en ellas estrés,
ansiedad y preocupación frente a su manutención y
la de sus familias. Por esta razón, varias mujeres se
vieron obligadas a retornar al trabajo sexual pese al
riesgo de contagio. Al respecto, “Sara” comentó:
Yo, por suerte, sí tenía un poco de
dinero ahí guardado, pero eso no me al-
canzaba para sobrevivir aquí, por eso
tenía que igual ponerme en riesgo y tra-
bajar porque también debo enviar el di-
nero a mis hijos y pagar todo aquí.
Como no había casi nada de clientes te-
nía que aprovechar lo mínimo y guar-
dar la platita (13 abril 2023).
Algunas mujeres intentaron realizar otras acti-
vidades económicas en su lugar de origen, tales
como negocios o emprendimientos, sin embargo, la
situación de emergencia sanitaria, las pocas posibi-
lidades para insertarse en el mercado y la crisis eco-
nómica, hizo que las que habían abandonado el tra-
bajo sexual retornaran al mismo. La decisión de re-
gresar al trabajo en época de pandemia fue espe-
cialmente compleja para las trabajadoras porque,
por su naturaleza, el trabajo sexual implica con-
tacto físico cercano. La incertidumbre, la sensación
de riesgo y el temor fueron los principales senti-
mientos que experimentaron. Ante esta situación,
se vieron obligadas a cambiar su repertorio e incor-
porar medidas sanitarias y de seguridad para cada
encuentro sexual:
Yo utilizaba mascarilla, alcohol y,
a veces, gel antiséptico. Como uno con
el cliente no se besa ni nada de eso, era
más fácil: venían se ocupaban y ya.
Después, yo me ponía alcohol en todas
partes para tratar de no infectarme. Me
acuerdo que nos ayudaron para vacu-
narnos y después, ya con esa vacuna,
yo tenía menos miedo; porque tenía
miedo de contagiarme… como se veía
en las noticias tantos muertos, me
daba miedo de contagiarle a mi esposo
también (“Sara”, 13 abril 2023).
La pandemia generó mayores condiciones de
vulnerabilidad para la salud de las mujeres e incre-
mentó el miedo al contagio de enfermedades de
transmisión sexual. Uno de los factores que contri-
buyó a esa sensación fue que, en esta etapa, las mu-
jeres no podían acudir con normalidad al Centro de
Salud para los chequeos mensuales por varias razo-
nes: no podían revelar que estaban ofreciendo ser-
vicios sexuales clandestinos durante la pandemia,
por el temor a contagios en los propios centros de
salud o porque habían retornado a su lugar de ori-
gen.
El descenso de atenciones sanitarias a ellas du-
rante esta etapa se puede evidenciar con claridad en
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la información proporcionada para esta investiga-
ción por el Centro de Salud Carlos Elizalde que re-
portó que, durante los años 2020 y 2021, se produjo
una disminución de más del 80% de atenciones de
salud a este grupo de mujeres. De la información
recabada y, fundamentalmente, de los testimonios
de las mujeres, se puede deducir que ni el Estado ni
sus instituciones de salud dirigieron esfuerzos para
apoyar la situación sanitaria de las trabajadoras se-
xuales en pandemia.
Además, otra consecuencia de la pandemia fue
que el número de clientes nunca logró recuperarse
a los niveles previos a la crisis sanitaria, debido a
que el temor a las mujeres como foco de infección
pasó a formar parte del imaginario colectivo in-
cluido el de los propios clientes: “Antes, cuando yo
venía, esto pasaba lleno. Hasta mujeres mismo ve-
nían a tomar, antes venían hasta 30, 40… ahora es-
tamos más o menos cinco” (“Marilú”, 13 abril
2023).
Durante el confinamiento, los cambios en el
trabajo sexual transformaron las modalidades tradi-
cionales de oferta de servicios. Se implementaron
estrategias para mantener la actividad y no perder
contacto con los clientes en un tiempo dominado
por la virtualidad y las nuevas tecnologías. Sin em-
bargo, la investigación reveló que el uso de redes
sociales y la creación de plataformas virtuales (Fa-
cebook, Instagram, Tinder, Only Fans, entre otras)
para servicios sexuales en línea resultaron compli-
cadas de utilizar por varias razones: las trabajado-
ras sexuales sujeto del estudio provienen mayorita-
riamente de estratos socioeconómicos medio bajos
y bajos, carecían de los recursos económicos y la
tecnología necesaria para desarrollar sus propias
aplicaciones, así como, tenían limitaciones en
cuanto a formación y conocimientos técnicos re-
queridos para operar en el espacio virtual. Además,
el ingreso al ámbito virtual implicaba el riesgo de
ser identificadas. Sobre este tema, comentaron:
Yo tenía una amiga que trabajó en
línea, entonces, crearon una página y se
publicaba. A ese extremo no, tampoco,
yo no… dicen que es súper bueno, pero
no, no, porque le cuento: una vez una
amiga mía me hizo una cita así y
cuando fui era un conocido, es que us-
ted se publica de aquí para abajo (se se-
ñala con las manos de la cintura hacia
los pies), no se ve la cara y el señor solo
escribe. Entonces uno va y pum: es un
conocido. (“Marilú”, 13 abril 2023).
Para las trabajadoras sexuales que se desen-
vuelven en contextos de limitaciones económicas,
el uso de redes sociales no constituyó una alterna-
tiva, lo que significa que las situaciones de de-
sigualdad social y exclusión se evidencian también
en el acceso a la tecnología para la emisión y pro-
ducción de contenidos promocionales. La gran ma-
yoría de mujeres en esta etapa intensificaron el uso
de canales de comunicación ya existentes como los
mensajes y llamadas por celulares o mediante
WhatsApp a través de los cuales se mantuvieron en
contacto con clientes regulares o conocidos.
La pandemia tuvo una consecuencia simbólica
negativa muy significativa para las trabajadoras se-
xuales, ya que aumentó el estigma hacia ellas por-
que, más allá de los juicios morales sobre la sexua-
lidad femenina, empezaron a ser vistas no solo
como transmisoras de enfermedades sexuales, sino
también, como posibles focos de propagación del
COVID-19. Esto confirmó el hecho de que perso-
nas que ya enfrentan estigmatización social son
más propensas a ser nuevamente estigmatizadas y
culpadas ante circunstancias externas.
Este proceso llevó a las mujeres a la reclandes-
tinización o profundización de la clandestinización
porque la reprobación y rechazo colectivos se pro-
fundizaron durante la pandemia de COVID-19.
CONCLUSIONES
El análisis del impacto de la pandemia de CO-
VID-19 en el ejercicio del trabajo sexual en la ciu-
dad de Cuenca-Ecuador, permite plantear las si-
guientes reflexiones y conclusiones:
Si bien al inicio de la pandemia, la oferta de
servicios sexuales pacasi completamente por el
clima de temor al contagio y por el desconoci-
miento del comportamiento del virus, muy tempra-
namente (en el lapso aproximado de un mes), tanto
los dueños de los locales como las propias mujeres
volvieron al ejercicio de su actividad. Este retorno
requirió un despliegue de maniobras para, por un
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lado, no ser identificados por los organismos de
control público y, por otro, retornar al trabajo se-
xual con nuevas estrategias para el contexto de pan-
demia.
Las reglas y hábitos para el ejercicio del tra-
bajo sexual se modificaron en función de los proto-
colos sanitarios y el miedo al contagio, al menos en
la primera etapa. Los encuentros fueron más cortos,
impersonales y distantes, con medidas de protec-
ción para el virus, evitando ciertos servicios sexua-
les basados en la oralidad.
El efecto más visible de la pandemia en la vida
de las trabajadoras sexuales fue la disminución del
trabajo lo que produjo la baja o suspensión de los
ingresos de las mujeres, generándoles una crisis de
sobrevivencia, pues, para la mayoría, el trabajo se-
xual es su única fuente de ingresos. Frente a ello,
algunas mujeres iniciaron negocios propios en sus
hogares cuyas ganancias no pudieron competir con
el trabajo sexual, lo que produjo el retorno casi in-
mediato a esta actividad.
En la etapa de pandemia y pospandemia se pro-
fundizó la precarización en el ejercicio del trabajo
sexual, expresada en situaciones como: implemen-
tación de casas clandestinas sin permisos legales y
sanitarios; más mujeres pasaron a brindar servicios
en lugares sin seguridad ni protección; incremento
del número de mujeres que ofertaban servicios en
el espacio público por los despidos y quiebres de
negocios (muchas de ellas ex trabajadoras sexuales
que había migrado a otra actividad y decidieron re-
tornar), presión hacia ellas por parte de propietarios
de centros y proxenetas para exigir la reapertura de
locales. Toda esta situación vivida, desde una lec-
tura de las posiciones feministas sobre la prostitu-
ción, da cuenta de que para las mujeres que laboran
cotidianamente en esta actividad, la noción de pros-
titución es cercana a las posturas que la reivindican
como trabajo y que, desde esta perspectiva, recla-
man derechos laborales para las mujeres, a la par
que condenan la doble moral social.
Una consecuencia adicional de la pandemia
sobre el trabajo sexual fue que las mujeres, con la
finalidad de proteger a sus familias, decidieron ale-
jarse temporalmente y espaciar visitas por conside-
rarse a sí mismas un posible riesgo, ya que su acti-
vidad suponía el relacionamiento con muchas per-
sonas desconocidas. Esto profundizó su sensación
de soledad y aislamiento en un entorno lejano a su
hogar, acrecentando su sensación de vulnerabili-
dad.
En el ámbito de la salud de las mujeres, dado
que se asumía que no había oferta de servicios se-
xuales, los Centros de Salud estatales encargados
de realizar los controles dejaron de ofrecer dichos
servicios, de proveer el carnet profiláctico y de en-
tregar kits de cuidado cuando, paradójicamente, fue
el momento en que ellas sintieron que más apoyo
necesitaban en temas de salud. Es decir, frente a
esta crisis mundial, el Estado invisibilizó nueva-
mente a grupos humanos que consideran moral-
mente inaceptables.
En esta misma línea, otro de los efectos de la
pandemia sobre el trabajo sexual se relacionó con
el imaginario que desde el Estado y la sociedad se
generó sobre las mujeres que ejercen esta actividad,
es decir, se las consideró como uno de los focos de
contagio del virus del COVID-19, con lo cual, el
estigma que pesaba sobre ellas se profundizó en el
sentido de que fueron vistas no solo como un riesgo
para la salud sexual y reproductiva, sino un riesgo
para la propagación del virus. Esto demuestra que,
los sujetos sociales que ya son portadores de un es-
tigma, son objeto frecuente de re-estigmatización
por su condición, lo cual incrementó el que pesa so-
bre ellas.
La investigación evidenció contrariamente a
los supuestos iniciales, que las redes y aplicacio-
nes informáticas que exigen mayor inversión de re-
cursos, no fueron el principal medio de contacto
con los clientes en época de pandemia, pues, las
mujeres de sectores populares están alejadas del co-
nocimiento tecnológico experto y no poseen los re-
cursos técnicos ni los ingresos para contratar apoyo
especializado o equipos de producción. Es decir,
desde una mirada interseccional, la confluencia de
las desigualdades de clase, género y pertenencia a
grupos estigmatizados, mostró su poder para limi-
tar el acceso a las oportunidades tecnológicas. Lo
que se dio fue un incremento en el uso de los dis-
positivos y las aplicaciones comúnmente usadas, es
decir, potenciaron sus propios recursos para el es-
tablecimiento de contactos con los clientes.
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La pandemia de COVID-19 mostró que la es-
tigmatización y exclusión social de las trabajadoras
sexuales en la ciudad de Cuenca impidió que ellas,
a diferencia de otras ocupaciones, puedan reinser-
tarse en un mercado laboral distinto. Esto supuso la
reclandestinización o profundización de la clandes-
tinización y una mayor inseguridad para el ejercicio
del trabajo sexual ya que el peso social y patriarcal
que existe sobre esta actividad tiende a agudizarse
en tiempos de crisis, como se confirmó en el caso
de la pandemia de COVID-19.
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Declaración de uso de IA:
Los autores declaran no haber empleado IA gene-
rativa para la elaboración de este artículo.