South American Research Journal, 5(2), 45-58
ISSN 2806-5638
in young populations, incorporating normative and
attitudinal approaches that foster informed deci-
sion-making regarding organ donation.
En Ecuador, el acceso a trasplantes de órganos
constituye un desafío persistente dentro del sistema
nacional de salud, a pesar de los esfuerzos norma-
tivos y técnicos implementados en las últimas dos
décadas. La Ley Orgánica de Donación y Tras-
plante de Órganos, Tejidos y Células, vigente desde
2011, establece un marco legal para garantizar pro-
cesos éticos, transparentes y gratuitos, orientados a
la equidad en la asignación de órganos (Ministerio
de Salud Pública, 2011).
Keywords: organ donation, health education,
social attitudes, prosocial behavior, organ trans-
plantation.
INTRODUCCIÓN
Según datos del Instituto Nacional de Dona-
ción y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células
(INDOT), en 2024 se contabilizaron 137 donantes
cadavéricos en Ecuador, lo que equivale a una tasa
aproximada de 7,6 donantes por millón de habitan-
tes (INDOT, 2024), muy por debajo del promedio
latinoamericano y mundial. Diversos factores con-
tribuyen a esta baja tasa de donación, entre ellos la
limitada infraestructura hospitalaria para la identi-
ficación y manejo de potenciales donantes, el des-
conocimiento generalizado de la población sobre
los procedimientos legales y médicos y la falta de
confianza en las instituciones de salud, lo cual po-
dría generan resistencia social a la donación post
mortem (Gilbert, 2023).
Frente a este panorama, el Estado ecuatoriano
ha impulsado campañas informativas y educativas
con el objetivo de desmitificar la donación y fo-
mentar una cultura solidaria. Sin embargo, los efec-
tos de estas campañas aún son limitados, especial-
mente entre la población joven, que representa un
segmento estratégico para promover el cambio de
actitudes a largo plazo (Ministerio de Salud Pú-
blica, 2012).
Diversos estudios señalan que las barreras sim-
bólicas pueden ser incluso más determinantes que
los factores estructurales o institucionales, espe-
cialmente en contextos donde coexisten bajos nive-
les de alfabetización sanitaria, desconfianza hacia
el sistema médico, o tradiciones culturales profun-
damente arraigadas (OMS, 2022; RCIDT, 2022).
Entre los mitos más frecuentes en torno a la
donación, se encuentran la creencia de que los mé-
dicos podrían no esforzarse en salvar a un paciente
registrado como donante; la idea de que la donación
conlleva mutilación del cuerpo y deshonra en el rito
funerario; la sospecha de tráfico de órganos vincu-
lado a prácticas ilegales o corrupción; y la percep-
ción de que solo personas ricas acceden a trasplan-
tes por encima de los demás en la lista de espera
(Morgan et al., 2008; Wakefield et al., 2010).
La donación y el trasplante de órganos repre-
sentan una de las intervenciones médicas más sig-
nificativas del siglo XXI, capaces de prolongar la
vida y mejorar la calidad de vida en personas con
enfermedades terminales. Sin embargo, a pesar de
los avances tecnológicos, quirúrgicos y farmacoló-
gicos que han consolidado la viabilidad de los tras-
plantes, la brecha entre la demanda de órganos y su
disponibilidad es un desafío de salud pública a ni-
vel mundial (OMS, 2010).
Según la Organización mundial de la Salud
(OMS), decenas de miles de pacientes en todo el
mundo permanecen en listas de espera, mientras el
número de órganos disponibles es insuficiente para
satisfacer la demanda. En 2020, se realizaron más
de 150.000 trasplantes de órganos sólidos a nivel
global, pero esta cifra representó apenas el 10 % de
las necesidades estimadas (OMS, 2022). Esta situa-
ción ha motivado a múltiples países y organismos
internacionales a adoptar marcos legales y estrate-
gias de promoción que fomenten la cultura de la
donación voluntaria, altruista y no remunerada.
En América Latina, la situación es igualmente
crítica, aunque algunos países como Uruguay, Bra-
sil y Argentina han logrado avances significativos
en sus tasas de donación per cápita, la región en su
conjunto presenta grandes desafíos estructurales,
sociales y culturales; de acuerdo con la Red/Con-
sejo Iberoamericano de Donación y Trasplante
(RCIDT), en 2022 la tasa promedio de donantes fa-
llecidos en la región fue de solo 9,4 por millón de
habitantes, muy por debajo de países como España,
líder mundial con más de 46 donantes por millón
(RCIDT, 2022).
La escasez de órganos disponibles no solo se
explica por factores logísticos o institucionales,
sino también por la falta de información, los prejui-
cios sociales, las creencias religiosas y los mitos
arraigados que limitan la voluntad de donar, espe-
cialmente en contextos de mayor desigualdad o
desconfianza institucional (Irving et al., 2012).
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